lunes, 20 de julio de 2009

Naturaleza

La naturaleza de la cultura -y esa expresión es casi un oxímoron- es problemática, antinómica. Una larga tradición, que desde el Lukács joven a la escuela de Frankfurt es compartida por toda una tradición de análisis crítico de la cultura, señala desde hace tiempo ese carácter contradictorio. Para Lukács, por ejemplo, sólo la cultura nos permite imaginar un mundo mejor, transformado. En ella se enuncia entonces una promesa de felicidad. de libertad -pero es la propia cultura la que se encarga de frustrarla, de hacerla invisible. En efecto, es la misma cultura - a través de su plasmación en las formaciones objetivas del espíritu, cuya institucionalización determina la estructuración efectiva de los mundos de la vida - la que delimita y limita nuestras posibilidades de actuar, la que por encima del mundo de la libertad que nos empuja a soñar impone también a nuestro propio actuar el orden en el que fracasa y se suspende ese sueño: el orden de la necesidad, el principio de realidad. Es también de esto de lo que Freud habla cuando emplea la expresión "malestar en la cultura", es seguramente de algo muy parecido de lo que habla Adorno y Horkheimer cuando desarrollan su análisis de la dialéctica de la ilustración - y era de eso también de lo que, con unos u otros matices, hablaba Thomas Mann al oponer los conceptos de civilización y cultura.
...se trata de evidenciar que en el seno de un programa concebido para hacer pensable un progreso emancipatorio se esconde larvado un dispositivo que determina la inviabilidad de ese mismo proceso. Es eso lo que, justamente, significa la expresión que refiere "el carácter antinómico de la cultura".
Al hablar por nuestra parte de la "era póstuma de la cultura" estamos intentando nombrar un momento, una tensión epocal, en que esa dialéctica se ha roto, venciéndose en una sola dirección: utilizando los términos de Thomas Mann, diríamos que hablar de "era póstuma de la cultura" representa reconocer que en el momento actual el impulso "civilizatorio" ha desplazado al cultural, lo ha aparcado.

...podemos en efecto reconocer la condición antinómica de lo artístico tal y como éste es diseñado en el orden de la experiencia moderna en lo que se refiere al problema de la relación arte/vida. Es sabido que la disolución del arte en la vida se aparece como horizonte programático para lo moderno - y ello en cuantas formas de relación queremos tematizar. Por ejemplo, en cuanto a la existencia separada de lo artístico tomada como institución: se quiere el derrumbe de las paredes del museo, la continuidad sin fronteras de topos social de lo artístico; su invación ilimitada del espacio de vida cotidiana.
Por ejemplo, también, en cuanto a la existencia separada de lo artístico en el espacio de la división del trabajo y de la actividad social: se querría imaginar un concepto de lo artístico que pudiera abarcar a toda actividad humana y que no fuera privilegiado de un gremio específico; se querría que lo artístico perteneciera al dominio de todo sujeto de conocimiento, cumplida por éste una reapropiación de la totalidad plena de su experiencia.
Finalmente y para dar un tercer ejemplo, en cuanto a la existencia separada de lo artístico respecto al sistema general de los objetos a las imágenes. El permanente juego de aproximación indiferenciada a esos universos -el sistema de los objetos, el sistema de las imágenes- evidencia que el horizonte de disolución de la esfera de lo artístico como esfera separada de la de los mundos de vida (constituidos ellos mismos como efectivos sistemas de objetos e im
ágenes
) constituye un polo de permanente atracción para la investigación de los lenguajes de las vanguardias.

...Lo artísitco se constituye entonces en el órden de una grammatología, ese campo movedizo que, según Derrida, "abarcaría a todos aquellos sistemas de lenguaje, cultura y representación que exceden a la comprensión de la razón logocéntrica o de la 'metafísica de la presencia' occidental". Y su potencial específico se desplegaría como eficacia para resistir a la pretensión de someter la producción del sentido a los regímenes de cualquier economía estable.
...Lo artístico irrumpe en el espacio de la significancia desbaratando todo régimen estable, para mostrar la producción de sentido es porceso sujeto a una economía transformacional inagotable. Al igual que la escritura, la producción artística se revela entonces puro envío, potencia de significancia que sólo se irá actrualizando a lo largo de un proceso inagotable de sucesivas lecturas. Y su potencial de resistencia a la economía logocéntrica de la representación - que todavía pretendería leer la obra como símbolo, "presencia real" y plena del sentido - dependerá entonces de su incorporación de un dispositivo que haga transparente su porpia ilegibilidad.



Extraido del libro:
"Un ruido secreto (el arte en la era póstuma de la cultura)"
José Luis Brea

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